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¡Hola! Somos Federico y Max, somos hermanos y esta es nuestra historia…
Hace ocho años empezamos este lindo viaje llamado Ovejeros. Todo partió con una idea simple: “¿y si vendemos esas pantuflas de lana de oveja?”, comentábamos en una junta familiar mientras nos comíamos un choripán. Al día siguiente, estábamos buscando zapateros en barrio Victoria que nos ayudaran a hacer algunas muestras.
Empezamos fabricando en un pequeño galpón, algo sucio y oscuro. Pero lo convertimos en un lugar acogedor. Y así partimos.
Nada ha sido fácil desde entonces. Nuestra mamá murió meses después, no sin antes maravillarse de lo lindas que eran las pantuflas que hacíamos. “Deberían llamarse Ovejeros”, nos dijo una vez. Y listo, fue uno de sus últimos regalos. La vieja era creativa.
Luego llegó la pandemia y nos echaron de la pega a los dos. No quedaba otra que lanzarse, y fue la mejor decisión. Despegamos. Pero no sólo el proyecto, también nuestra energía y convicción de estar haciendo algo único: un producto chileno, de calidad, que llegaba a las casas y se quedaba ahí para siempre.
Y eso es Ovejeros. Dedicación, artesanía, bienestar y simpleza. Hoy seguimos creando y abriéndonos paso en una industria difícil. Mientras existan hogares donde llegar, pies que abrigar y personas que valoren las cosas hechas con cariño, ahí estaremos. Porque creemos que lo auténtico nunca pasa de moda, que la calidad siempre encuentra su lugar y que los mejores momentos suelen empezar cuando uno llega a casa y se saca los zapatos.
Porque la vida es simple.
Cada par cuenta una historia: hermanos que heredan los zapatitos, papás que regalan pantuflas, hijas que abrigan a sus mamás. El rebaño crece contigo.
Diseñamos, cortamos y cosemos en nuestro taller de Santiago. Cuero y chiporro natural seleccionado pieza por pieza, sin atajos industriales.
Desde 2016 perfeccionamos cada modelo con las manos de un equipo pequeño y experimentado. Calidad que dura inviernos, no temporadas.